Girona.  
GIR sencer · IA

La sesión reunió a la Fundación Princesa de Girona con el premiado Ignasi Velda en un encuentro centrado en el talento, la inteligencia artificial y el futuro profesional de los jóvenes. A partir de su trayectoria personal y de varias preguntas del público, la conversación fue trazando una idea común: el valor no está solo en el conocimiento técnico, sino en la capacidad de aprender, adaptarse, conectar y trabajar con criterio en un tiempo de transformación acelerada.

**El talento no nace, se trabaja.** La intervención inicial de la Fundación planteó una tesis clara: el talento no debe entenderse como un superpoder innato reservado a unos pocos, sino como un proceso. Para explicarlo, se recurrió a las trayectorias de Michael Jordan y Rosalía, dos figuras que suelen asociarse al éxito inmediato pero cuya historia, según se recordó, está hecha de rechazo, esfuerzo sostenido y cambio de rumbo. Jordan pasó por una etapa de duda y descarte antes de convertirse en una leyenda de la NBA; Rosalía abandonó una primera vía en el flamenco para abrirse a otros lenguajes musicales. La idea de fondo era sencilla y potente: el talento necesita impulso, referentes, práctica y tiempo.

**Talento, joven, acción.** La Fundación Princesa de Girona se presentó a sí misma a partir de esas tres palabras. No como un lema decorativo, sino como una forma de describir su trabajo: inspirar a los jóvenes, prepararlos con becas y programas formativos, y movilizarlos mediante espacios de conexión como el Tour del Talent. Se recordó que esta iniciativa recorre cinco ciudades y alcanza a decenas de miles de jóvenes, con talleres, conferencias y actividades pensadas para generar estímulo y comunidad. El mensaje fue que la juventud no es solo una etapa de paso, sino un momento decisivo para activar capacidades que acompañarán al resto de la vida.

**Una vida hecha de curiosidad.** Ignasi Velda construyó su intervención como una historia vital marcada por la curiosidad y la voluntad de no conformarse. Explicó que fue un estudiante normal, con notas normales, y que eligió Ingeniería Informática porque la entendía como una herramienta, no como un destino. Desde ahí orientó su carrera hacia la biomedicina y la inteligencia artificial aplicada al diseño de fármacos, en una época en que estos campos todavía eran marginales. Esa combinación de formación técnica e inquietud científica fue dando forma a un perfil poco lineal, pero coherente en su fondo: aprender a usar las herramientas adecuadas para resolver problemas reales.

**Emprender desde cero.** Uno de los pasajes más recordados fue el de su etapa universitaria, cuando tuvo que buscarse la vida para financiar los estudios. Contó que empezó a operar en bolsa con avena, comprando y vendiendo el mismo producto en el mismo día para obtener beneficios. Con ese dinero pagó parte de la carrera. Más adelante fundó Intelligent Pharma y otras empresas, casi siempre desde estructuras mínimas y sin una red previa de contactos. Esa experiencia le permitió defender una idea poco complaciente sobre el emprendimiento: no es un salto heroico, sino una combinación de oportunidad, contexto, disciplina y olfato para detectar el momento adecuado.

**La IA antes de que fuera inevitable.** Su trayectoria investigadora pasó por laboratorios y centros de referencia, incluyendo el Parque Científico de Barcelona y estancias internacionales en Estados Unidos y Suecia. Trabajó con inteligencia artificial para ayudar a diseñar fármacos en campos como el cáncer, el Alzheimer o distintas formas de esquizofrenia. También fue uno de los primeros usuarios del MareNostrum I, entonces el supercomputador más potente de Europa. La escena resume bien el tipo de perfil que fue construyendo: una mezcla de programación, investigación y vocación aplicada, siempre al servicio de un problema concreto.

**Del laboratorio al servicio público.** La carrera de Velda dio después un giro hacia la gestión institucional. Fue director del Parque Científico de Barcelona, cargo desde el que ordenó una estructura compleja con miles de científicos, decenas de entidades y una deuda muy elevada. Más tarde pasó a dirigir la Agencia Nacional de Inteligencia Artificial y, actualmente, la inteligencia artificial del Banco de España. En su relato, ese tránsito no supuso abandonar su especialidad, sino llevar la misma herramienta a contextos distintos. La informática, la IA y la capacidad de gestión aparecieron así como una especie de llave inglesa capaz de servir en entornos muy distintos.

**La inteligencia artificial como cambio de era.** Una de las ideas centrales de la charla fue que no estamos ante una moda tecnológica, sino ante un cambio de era. Velda comparó la situación actual con la revolución industrial, pero subrayó una diferencia importante: ahora la transformación será más rápida y afectará a prácticamente todos los ámbitos. Educación, sanidad, administración pública, empresa, cuidado de mayores, atención humana. La lista de sectores tocados por la IA es larga y todavía provisional. Frente a la preocupación por la pérdida de empleos, defendió una lectura menos fatalista: desaparecerán tareas, pero también surgirán nuevas oportunidades, muchas de ellas aún imprevisibles.

**Pensamiento crítico frente a máquinas que se equivocan.** El diálogo con el público insistió en una preocupación recurrente: cómo usar la IA sin quedar sometidos a sus errores, sesgos o respuestas engañosas. Velda fue tajante en este punto. La IA puede “alucinar”, mentir o dar respuestas técnicamente plausibles pero incorrectas en contexto. Por eso el pensamiento crítico no es un complemento, sino una condición necesaria. Puso un ejemplo sencillo pero revelador: cuando ChatGPT respondió “Berlín” a la pregunta sobre la capital de Francia, la respuesta contenía una verdad parcial histórica, pero no resolvía el problema planteado. El mensaje fue claro: solo quien conoce bien su materia puede detectar cuándo la IA se equivoca o se sale del contexto.

**Los sesgos no son opcionales.** La conversación se adentró después en el terreno regulatorio. Se explicó que la AESIA supervisa determinados usos de la IA para comprobar que no generen sesgos, especialmente cuando pueden afectar a derechos fundamentales. El Banco de España, por su parte, aplica las guías y la normativa vigentes para evitar discriminaciones en sus sistemas. No se trataba, en su planteamiento, de una cuestión de conveniencia, sino de cumplimiento legal y responsabilidad institucional. La IA puede ser útil, pero no puede desplegarse sin control cuando hay en juego derechos básicos.

**Formar a toda la organización.** Otro eje relevante fue la formación interna. Velda explicó que el Banco de España cuenta con un programa ambicioso para capacitar en IA a gran parte de su plantilla, con el objetivo de que cualquier empleado pueda utilizar estas herramientas de manera responsable y ética. Contó incluso que algunas de las soluciones más útiles habían sido desarrolladas por perfiles no técnicos, simplemente gracias a la formación recibida. La idea que emerge es pragmática: la IA no debe quedar confinada a especialistas, sino integrarse en el trabajo cotidiano de forma transversal.

**El buen líder no sustituye, multiplica.** Uno de los momentos más interesantes del coloquio llegó cuando se habló de productividad y de la tentación de reducir equipos a medida que la automatización avanza. Velda respondió con una distinción entre mal liderazgo y buen liderazgo. El primero ve la IA como una excusa para recortar personas; el segundo la usa para multiplicar el alcance del equipo. Si antes cuatro personas hacían diez, ahora pueden hacer mil. El punto no es hacer lo mismo con menos, sino hacer mucho más con las mismas capacidades humanas potenciadas por la tecnología.

**Humanistas en el centro.** Frente a la idea de que la IA es territorio exclusivo de ingenieros, se defendió con fuerza el valor de los perfiles humanistas. Filósofos, lingüistas y otros profesionales de letras aparecieron como piezas fundamentales en la nueva ecología tecnológica, especialmente en tareas de prompting, interpretación y reflexión ética. La explicación fue convincente: saber formular bien una pregunta, entender el razonamiento de la máquina y pensar sobre el sesgo exige formación en lenguaje, pensamiento y contexto. En otras palabras, la tecnología necesita gramática humana para funcionar bien.

**Estudiar con vocación, no con miedo.** Para los estudiantes presentes, el consejo fue directo: elegir lo que realmente les guste y aprender a incorporar la IA desde el principio. Da igual que sea matemáticas, informática, filosofía, historia del arte o ciencias sociales. La herramienta será útil en cualquier campo si se sabe usar con criterio. También se mencionaron iniciativas de la Fundación Princesa de Girona, como formaciones gratuitas en *prompt engineering*, un máster en innovación e inteligencia artificial y becas que buscan precisamente facilitar ese acceso. La idea no era imponer una única ruta, sino abrir caminos.

**Un futuro más corto, no más pobre.** En la parte final de la conversación apareció una visión más amplia del porvenir. Velda defendió que la automatización puede conducir a jornadas más cortas, mejor reparto del trabajo y una vida menos absorbida por la obligación laboral. Recordó la dureza de generaciones anteriores, con niños trabajando desde muy pequeños y semanas laborales infinitas, para señalar que el progreso social ha ido siempre en una dirección clara. Su apuesta es que la IA, bien usada, puede acelerar ese proceso: menos tiempo de trabajo, más valor, más derechos y una sociedad mejor repartida.

Al cierre, la sesión dejó una impresión nítida: el talento no es una excepción reservada a figuras extraordinarias, sino una capacidad que se activa con propósito, esfuerzo y contexto; la inteligencia artificial no es un fin en sí mismo, sino una herramienta que exige formación, ética y pensamiento crítico; y el futuro, lejos de estar escrito, dependerá de la manera en que los jóvenes sepan combinar vocación, conocimiento y uso inteligente de la tecnología.