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Construir horizontes en tiempos de incertidumbre

La Caixa · -

30/05/2026 101 min Crónica temática de ponencia
**Construir horizontes en tiempos de incertidumbre** La sesión de la Cátedra Social se presenta como un encuentro dedicado a **“sostener la esperanza, construir horizontes en tiempos de incertidumbre”**, con la intervención de **Francesc Torralba**, descrito en la presentación como filósofo, teólogo, pedagogo y escritor, y recientemente premiado por **_Anatomía de la esperanza_**. La apertura sitúa también el marco de la Cátedra, iniciada en **2005** con el profesor **García Delgado** y ampliada desde **2023** a temas sociales, además de los económicos. La intervención introductoria enlaza la ponencia con programas e iniciativas de la Fundación La Caixa y con una idea central reiterada durante toda la sesión: la esperanza como energía para seguir caminando. **La esperanza como eje de la sesión.** La presentación insiste en que la esperanza no es una noción abstracta, sino un hilo que atraviesa el título de la sesión, la trayectoria del ponente y varias actuaciones sociales de la entidad. Se recuerda una campaña en la que aparece la utopía como horizonte que empuja a seguir caminando. También se subraya una frase atribuida a Francesc de Moragas: **“Lo imposible es sólo un poco más difícil que hacer las cosas difíciles.”** Esa idea sirve para vincular la esperanza con la acción sostenida, no con un entusiasmo pasajero. **Una palabra que hay que pensar.** Torralba parte de que la esperanza es una palabra muy usada, pero poco pensada. Señala que al filósofo le corresponde ahondar en términos como esperanza, dignidad, libertad, felicidad, amor o amistad, porque con frecuencia circulan de manera superficial. Su punto de partida es una pregunta exigente: cómo sostener la esperanza cuando todo se hunde, cuando aparecen desiertos oscuros y la incertidumbre es real. Desde ahí propone una reflexión que no quiere ser decorativa, sino conceptual y práctica. **Lo que la esperanza no es.** El ponente utiliza una aproximación “vía negativa” para aclarar primero los errores más comunes. La esperanza, dice, no es ingenuidad, porque la ingenuidad ignora las contrariedades; la esperanza, en cambio, las contempla. Tampoco es evidencia, ya que no hay garantías de que todo saldrá bien. Y no es una espera pasiva, quieta, porque conduciría a la parálisis. Menos aún es una expectativa fundada en cálculos de probabilidad: la esperanza es querer que algo sea posible aunque sea poco probable. **Esperar sin negar la dificultad.** A lo largo de la intervención se repite que la esperanza no borra los obstáculos. Torralba habla de adicciones, de personas que viven en la calle o de contextos familiares muy deteriorados para mostrar que la esperanza convive con la adversidad. No se trata de negar la maldad, la crueldad o la sinrazón, sino de mantener abierta la posibilidad de cambio. En esa línea, afirma que el futuro no está escrito y que depende de las decisiones presentes, del compromiso y de la responsabilidad. **La grieta, la creatividad y el cambio.** La esperanza tampoco consiste en insistir de forma mecánica en lo mismo. Torralba la separa de la obstinación y de la tozudez, y la vincula con la creatividad, la flexibilidad y la imaginación. Recurre a la imagen del muro y la grieta: cuando una vía no funciona, hay que buscar otro paso. A partir de ahí introduce ejemplos como el fracaso escolar repetido o la equinoterapia para niños con autismo, como muestras de que la innovación y la combinación de mundos distintos pueden abrir posibilidades nuevas. **Bloch y el sueño que precede a la realidad.** La parte más claramente filosófica de la ponencia se apoya en **Ernst Bloch** y en *El principio esperanza*. Torralba retoma su idea de que **“toda realidad viene precedida por un sueño”** y la aplica a conquistas sociales como los derechos, el bienestar, la educación universal o la atención sanitaria y social. También cita la fórmula del **“ya”** y el **“todavía”**: se ha conseguido mucho, pero todavía queda. Esa tensión, dice, es clave para sostener la esperanza sin caer ni en la autosatisfacción ni en la desesperación. **La esperanza se transmite con testimonio.** El ponente insiste en que la esperanza no se comunica solo con palabras. Se transmite mejor mediante el testimonio de quien ha atravesado una dificultad y ha salido adelante. En ese punto menciona el valor de figuras que encarnan compromiso y sentido, y también el de quienes acompañan procesos de recuperación o de reconstrucción vital. La humildad de quien pide ayuda y la generosidad de quien comparte su experiencia aparecen como condiciones para que esa transmisión sea posible. **Esperanza, fe y horizonte compartido.** En el tramo de preguntas, el propio Torralba distingue entre esperanza como virtud teologal y esperanza como valor humano transversal. Reconoce que para una persona creyente la relación con Dios puede ser decisiva, pero subraya que también hay esperanza en personas agnósticas o ateas que trabajan por la paz, la justicia o la dignidad de otros. El campo común, dice, está en los propósitos compartidos. La espiritualidad, la filosofía, la ciencia y el arte aparecen como lenguajes distintos que también pueden sostener esa apertura. **La esperanza en los extremos.** Para responder a si el contexto determina o no la esperanza, Torralba recurre a ejemplos extremos como el gueto de Varsovia y varios campos de concentración. Menciona a **Viktor Frankl** y a **Edith Stein** para mostrar que en condiciones infrahumanas hubo quien mantuvo la esperanza y quien no. La conclusión que extrae es que el contexto no determina de manera absoluta: hay personas con muy pocos recursos que sostienen la esperanza, y otras con comodidad material que se desesperan. **Testimonio, humildad y posibilidad de cambio.** La sesión deja una idea recurrente: quien ha cambiado puede convertirse en un faro para otros. Torralba ejemplifica esa lógica con asociaciones de ayuda mutua, donde reconocer la propia fragilidad es el primer paso para buscar salida. Frente a la repetición del fracaso, el testimonio abre una puerta. De ahí su insistencia en que la esperanza no es una certeza, sino una apertura razonable a lo posible, sostenida por experiencia, esfuerzo y acompañamiento. ## Citas destacadas - **“sostener la esperanza, construir horizontes en tiempos de incertidumbre”** - **“Lo imposible es sólo un poco más difícil que hacer las cosas difíciles.”** - **“sin esperanza no se puede vivir.”** - **“el futuro no está escrito, está todo por hacer”** - **“La esperanza consiste en entrever alguna posibilidad”** - **“Toda realidad viene precedida por un sueño.”** - **“Ya hemos conseguido, pero todavía queda.”** - **“Con el testimonio es posible.”** ## Acciones o recomendaciones No consta en la transcripción. ## Preguntas abiertas - No consta en la transcripción. - La relación entre fe y esperanza queda planteada en el turno de preguntas, pero no se desarrolla de forma cerrada. - Tampoco queda cerrada la cuestión de cómo sostener la esperanza en comunidades donde predomina el pesimismo de la razón. ## Conclusiones La sesión presenta la esperanza como una actitud activa, humilde y exigente: no niega la dificultad, pero tampoco se rinde ante ella. Torralba la define por contraste con la ingenuidad, la pasividad, la evidencia y la obstinación, y la sitúa entre el sueño que precede a toda realidad y el trabajo concreto que la hace posible. En el marco de la Cátedra Social, esa idea se enlaza con la acción social de Fundación La Caixa y con la convicción de que, incluso en tiempos inciertos, todavía queda camino por hacer.
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Muy buenas tardes y bienvenidos y bienvenidas a todas y a todos por estar aquí en esta nueva sesión de la Cátedra Social, con el título hoy, el interesante título de sostener la esperanza, construir horizontes en tiempos de incertidumbre, que vamos a poder escuchar en unos minutos.

Lo primero, como les decía, agradecerles su presencia una vez más aquí en esta nueva sesión de la Cátedra. Como les recuerdo, una cátedra que ya tiene mucha antigüedad porque en 2005 la empezamos con el profesor García Delgado, catedrático de Economía Aplicada y miembro numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que desde 2005 además ostenta la dirección de esta cátedra de Economía y Sociedad, que ha tenido durante años muchas ediciones muy relacionadas con temas económicos, pero que desde el año 2023 empezamos también con temas sociales y que hemos ido haciendo de manera repetida, y que el año pasado además empezamos a exportarla, que no sólo fuesen las conferencias que realizamos aquí, sino también las conferencias que por otros [no confirmado] forums de todo el país pues también vamos realizando con esos mismos temas y que hemos podido estar debatiendo.

Por tanto, yo creo que es importante. Cuando veía un poco los números, más de 520 sesiones, José Luis nos decían que ya llevamos, que ya llevas de toda esta cátedra. Felicidades, y que yo creo que acompaña mucho a esta generación de conocimiento.

También dar la bienvenida a todas y a todos los que nos están siguiendo por streaming en esta retransmisión y que también confiamos que sea de todo su interés. Que sea de todo su interés porque al final hoy contamos con un ponente de lujo, con Frances [no confirmado] Torralba, que luego el profesor García Delgado les explicará toda su trayectoria, pero cuando veía filósofo, teólogo, pedagogo, escritor y que además hemos tenido muchas ocasiones de poderle escuchar y poder compartir y que nos haya podido ilustrar en muchas de las actuaciones que hacemos con distintas charlas de distintos temas, pero hay sobre todo un campo que es el de la ética al que está muy ligado y que también nos hace sentir absolutamente ligados a lo que hacemos.

Y también muy recientemente además ganador del Premio Josep Pla con el ensayo Anatomía de la esperanza, que yo creo que nos conecta también con el título de la sesión de hoy.

Yo para empezar y para ilustrarlo les pediría que viese en un momento un pequeño vídeo de una de las campañas últimas que estamos haciendo también como homenaje al tercer sector por el mensaje que tiene. Por favor, si lo podéis poner.

Y si la utopía estuviera en el horizonte, y si cuando me acercara ella de mí siempre se alejara, y si a cada uno de mis pasos ella escapara de mis brazos, ¿para qué servirá entonces la utopía? Pues la utopía servía para lo que siempre nos sirvió: para juntos tú y yo no dejar nunca este caminar, no dejar este caminar.

Bien, esta es una campaña que hemos lanzado en los últimos tiempos, que tiene por una parte un homenaje al tercer sector. Yo creo que liga bien también esta parte cuando hablamos de utopía hablamos de algo, de una dirección hacia la que querríamos ir, pero si se fijan en la segunda parte del anuncio lo que se ve es una esperanza también de que eso puede llegar y la esperanza es lo que te da la energía para poder caminar hacia esa utopía.

Y en el vídeo salía una frase al final que dice algo así como que lo imposible es sólo un poco más difícil que hacer las cosas difíciles. Esta es una frase que es del fundador de La Caixa, de Frances [no confirmado] de Moragas, al principio de los años 1900 y que estaba dentro de sus papeles y que pudimos ver y que estaba dentro de ese espíritu que de alguna manera nos ha ido acompañando siempre.

Y la esperanza ha estado muy presente. Estuvo presente en ese inicio, como decíamos, porque al final esto empezó como un proyecto de la sociedad civil y que lo que buscaba era ayudar a unas situaciones de la sociedad en aquel momento en Barcelona, en una época de conflictos, y que lo que buscó es cómo podía ayudar a unos trabajadores que estaban en huelga y que enseguida ya empezó con esa caja de pensiones para la vejez y de ahorros y que de hecho fue precursor de las primeras pensiones para que cuando una persona no podía seguir trabajando por cuestión de edad pudiese tener al final unos ingresos. Y algo que cuando empezó parecía que era difícil que se generalizase en poco tiempo se generalizó.

Pero también este Frances [no confirmado] de Moragas, nuestro fundador, en el año 1923 tuvo relación con una entidad, la Congregación de la Esperanza. Otra vez la palabra esperanza. Esta Congregación de la Esperanza era una entidad que se dedicaba por Semana Santa, cuando salían las procesiones, ayudar a chicas, a mujeres que estaban en situaciones de dificultad, que cuando se colocaban bajo el palio de esa Virgen de la Esperanza pues lo que tenían era un cobijo por una parte y un proyecto para encontrar un futuro.

Eso que empezó en ese año 1923 y que fue a cambio de que un elemento que tenía esa congregación para mantenerse, que era un monte de piedad, quedó constituido como la primera sección de préstamos con prenda que tuvo La Caixa en aquel momento, ha sido el germen de lo que hoy en día también es la Fundación de la Esperanza, que sería la única entidad social que tenemos que sea 100% de la Fundación La Caixa, pero que otra vez tiene la esperanza en su nombre, que sigue con ese proyecto inicial pero también sigue con muchos más que intentan acercarse a todo aquello que tenemos muy cercano a nosotros y que muchas veces no lo queremos ver o no lo podemos ver y que necesitan de un impulso para que esto pueda ser una realidad.

Cuando miraba y pensaba también en esta introducción vi una frase que había dicho Frances cuando recogió el Premio Jureplá y que hablaba de: demasiado a menudo cuando hacemos un discurso sobre la esperanza se nos califica de optimistas, de optimistas mal informados, pero decía: sin esperanza no se puede vivir. Y creemos que esto es lo que nos da una visión y que liga también con las actuaciones que estamos haciendo desde Fundación La Caixa y que en muchas de ellas, en algunas de las sesiones precedentes, han podido ver.

Liga cuando hablamos de un programa como Caixa Proinfancia, la lucha contra la pobreza infantil, de los muchos motivos que tendrían muchas personas para pensar que no hay esperanza precisamente y que no hay futuro, y que cuando vemos los datos además son aplastantes: uno de cada tres niños y niñas en nuestro país están en situación de pobreza. Cuando esa pobreza pasa dos generaciones decimos un 60% de posibilidades que esos niños y niñas siempre sean pobres, pero de los casi 80.000 que participan en nuestro programa conseguimos un progreso escolar superior al de la media y conseguimos precisamente que tengan esperanza y que tengan futuro. Por lo tanto, lo que busca este programa es abrir situaciones de esperanzas.

Lo mismo que busca también cuando hablamos de los procesos de incorporación laboral, en donde ¿qué vemos normalmente? Pues volvemos a ver que, aunque digamos que los números de paro mejoran, hay una serie de personas que acaban siempre concentradas en esa situación de mayor dificultad. Cuando miramos un poco más cómo son, la mayor parte de personas que están en el paro hace más de un año, que están, y muchas incluso más de dos, y son personas que tendrían muy pocas posibilidades de encontrar un empleo. Pero si gracias a concienciar, gracias al acompañamiento, alguien les da una oportunidad, eso abre esperanza no tan solo a la persona sino probablemente incluso a la empresa que lo contrata.

Por lo tanto, la esperanza está detrás de eso que nos va a dar esa energía para poder seguir trabajando. Lo mismo con los distintos proyectos de convocatorias, con el programa de personas mayores, ese que hablábamos que desde el inicio ha acompañado a la caja, pero que hoy en día tiene, por ejemplo, un programa para trabajar sobre la soledad no deseada, y personas que van teniendo una situación cada vez de apartarse más, conseguir darles otra vez vínculos que les permiten también hablar de ese futuro.

O algo tan evidente en cuanto a lo que es la esperanza como el programa de atención integral a personas con enfermedad avanzada, con una enfermedad que no tiene cura, pero que el programa lo que transmite más allá de técnicamente lo que hace es que hay vida hasta el final y que las personas, por tanto, sea la situación que sea, pueden vivir hasta el final. En este programa también en alguna ocasión Frances nos ha estado acompañando, por tanto esto es así.

Y si hablásemos de enfermedad, alguna de las iniciativas últimas que hemos empezado como el centro de investigación el Caixafres Sergi Institut busca también esto mismo, en enfermedades que todos sabemos, enfermedades que hoy en día no tienen cura, pero que tenemos esa esperanza de que con la investigación en algún tiempo conseguiremos que esta realidad sea distinta. Por tanto, esa esperanza puede cambiar realidades, y sobre todo realidades que son muy individuales.

También cuando hablamos de cultura, cuando hablamos de cultura, cada una de las exposiciones que se generan en centros como este que nos acompaña también Isabel Fuentes, la directora de Caixaforum, nos acaban dando experiencias y experiencias que primero permiten llegar a muchísimas personas y permiten que de esa cultura que llega a todos nos abran nuevos horizontes, y esos nuevos horizontes también son esos horizontes de esperanza.

Y el concepto de sostener la esperanza que está en el título pensamos que también es absolutamente pertinente porque todo esto que estamos hablando necesita mantenerse, no es cuestión solo de un impulso, es cuestión de un trabajo continuado para que todo esto sean realidades. Y en tiempos como estos, con todos los riesgos que hay detrás, con todo lo que estamos viendo que acompaña al mundo, sostener esa esperanza seguramente no es tan evidente y es lo que estará en el centro de la ponencia de Frances Torralba hoy, el enfoque de los programas que desarrollamos, que es un enfoque desde una perspectiva de derechos, de dignidad, de compromiso, de confianza, de ética.

Circunstancias parecidas o equivalentes, para ayudar, diciéndolo con sus palabras. En alguna entrevista que he podido leer: quiero dar testimonio de mi dolor como servicio a los demás para que tal vez, como yo he podido afrontar la adversidad, les pueda servir a ellos. Eso me parece estupendo. También la idea de servicio, el testimonio de la elaboración del propio dolor para que pueda servir a los demás, en definitiva, no solo para superar la adversidad, para un horizonte de esperanza. No se puede vivir sin esperanza.

Bueno, con todo esto les quiero decir, miren qué ideas tan bombas, qué ideas y qué hermosas palabras han salido. Esperanza, servicio, estudio permanente, enseñar. Bueno, pues esta es la vida de francés [no confirmado], que es una vida para el estudio, pero no para el estudio para uno mismo, el estudio concebido transitivamente para poderlo transmitir y para poder enseñar más y mejor, y para que la propia vida debidamente elaborada, momentos de unas situaciones u otras, pueda servir, la propia experiencia les pueda servir a los demás. El testimonio como obra de servicio, con sentido de servicio.

Es vicepresidente desde hace muchos años, miembro y ahora vicepresidente de aldeas infantiles en Barcelona. Este empeño también, esta iniciativa admirable, que es puro servicio, es poner parte del propio tiempo, de los propios conocimientos, de todo, de la propia vida al servicio de los demás y al servicio de algunas de las personas que por razones de edad merecen en su vulnerabilidad mayor atención por nosotros.

Bueno, nada más, les he dicho que era breve, no lo estoy siendo. Muchas gracias, querido francés, y yo decía al principio que aprendo por los mocisos hoy, puedes estar seguro que voy a estar atentísimo a lo que nos digas. Porque es parte de tu vida lo que nos vas a decir, no nos vas a contar cosas teóricas, nos vas a contar seguro cosas que tienes ahí dentro y que has aprendido con tu propia vida. Muchas gracias.

Muy buenas tardes, gracias en primer lugar por esta presentación tan amable, tan exhaustiva, tan atenta, tan delicada. Gracias también a la Fundación La Caixa y felicidades por todos los programas, iniciativas cuyo fin al final es mejorar la calidad de vida de personas en situación de vulnerabilidad. Eso tiene un mérito extraordinario.

El foco de mi intervención gira en torno a un concepto, a una palabra que utilizamos pero que extrañamente nos detenemos a pensar. Y si algo puede aportar un filósofo en un foro de esta naturaleza es justamente eso, pensar la hondura de las palabras que habitualmente utilizamos y que en ocasión tienen un sentido puramente epidérmico o incluso frívolo. Me refiero a palabras tan serias como esperanza o como dignidad o como libertad o como felicidad o como amor o como amistad.

Al fin y al cabo lo que hace un filósofo es ahondar en esas palabras que tienen una gran historia, un concepto con una gran historia, y tratar de mostrar cuál es su naturaleza y qué contienen esos vocablos. Y sobre todo lo que se ha dicho al principio en la intervención del señor Simón, cómo sostener esa esperanza cuando todo se hunde, cuando todo se resquebraja, cuando uno cruza desiertos muy oscuros y muy solitarios.

Y lo que sabemos a una cierta edad es que no hay vida sin contrariedades. A los adultos eso no tienen que explicárnoslo, ya lo sabemos. Lo que pasa es que hay contrariedades minúsculas y hay contrariedades mayúsculas, contrariedades, adversidades, obstáculos. Y lo difícil, pero por otro lado lo más necesario, es cómo sostener esa esperanza cuando uno cruza desiertos, noches oscuras o terribles transiciones y tiene verdadera incertidumbre de si saldrá vivo de ese desierto o de esa oscuridad.

Entonces parto en primer lugar de un propósito que es tratar de ahondar en ese concepto. Y lo primero que haré es una aproximación vía negativa, que decimos en filosofía. No tanto clarificar lo que es, sino justamente descartar lo que no es. Por respecto a la esperanza hay muchos tópicos, prejuicios, estereotipos y algo que debemos hacer antes de ahondar en un concepto es precisamente mostrar lo que no es, porque con frecuencia se maneja el concepto de una manera inadecuada o equívoca.

De hecho, cualquier persona que intente articular un discurso sobre la esperanza hoy es calificado de ingenuo, o de desinformado, o de inocente, o de pueril. Lo que abundan son discursos caracterizados por el desencanto o bien visiones claramente distópicas del mundo del futuro o del mundo que van a vivir nuestros nietos o bisnietos. Por lo tanto, articular un discurso sobre la esperanza, hasta cierto punto, es transgresor, es contracultural, porque significa poder introducir argumentos con el fin de mostrar que es verosímil tener esperanza, que no es una insensatez, que no es un grito desesperado, que no es una irracionalidad, sino que tiene sentido estar y mantener la esperanza y transmitirla a los demás.

Ya, pero eso, ¿cómo se hace en un contexto de tal incertidumbre y donde estamos salpicados constantemente de noticias y de informaciones que con frecuencia son sumamente negativas y que de algún modo desaniman a la población, incluso la hunden en la desesperación, en aquel grito que decimos: no hay nada que hacer, todo está perdido, el futuro ya está escrito? Bien, pues el que tiene esperanza parte de la otra idea: el futuro no está escrito, está todo por hacer y depende de las decisiones que se tomen ahora y de la capacidad de compromiso y de responsabilidad de los ciudadanos.

Vamos a ver primero lo que no es, por lo tanto una aproximación, como digo, vía negativa. Lo primero que quiero compartir con ustedes es que la esperanza no es la ingenuidad. La ingenuidad nunca ha sido una virtud, la esperanza sí, se introduce dentro de la constelación de las denominadas virtudes teologales, junto con la fe y junto con la caridad, aunque la esperanza no pertenece a ninguna tradición religiosa o espiritual, es un valor humano imprescindible para vivir, casi diría como el oxígeno espiritual. Pero en cualquier caso, no es la ingenuidad, es importante deslindar eso.

La ingenuidad se la permitimos a un niño, justamente porque acaba de aparecer en el mundo y todavía no conoce la oscuridad o las sombras o los desiertos que hay en este mundo. Y cuando habla y se expresa, todavía vive en esa mirada ingenua, pueril, decimos, inocente. Aunque, como dice Postman, cada vez hay menos niños inocentes y se tiende a secuestrar esa inocencia. De tal modo que se pierde muy rápidamente, demasiado rápida. Pero el que tiene esperanza no es ingenuo, no es inocente.

El que tiene esperanza sabe que hay contrariedades, lo sabe. Algunas las puede incluso identificar y otras son contrariedades que no había imaginado, pero que irrumpen en el periplo existencial, dice: yo con esto no pensaba, yo con esto no contaba. A veces contrariedades colectivas, una pandemia, la invasión de un país, simplemente un desastre natural, una catástrofe ecológica, hemos vivido tristemente en nuestro país algunas muy notables desde el COVID. Con esto no contaba, ya.

Pero la ingenuidad es la mirada simplemente que no contempla las contrariedades, las adversidades, las dificultades. La esperanza las contempla, la esperanza las considera, no será fácil. Conseguir que esta persona que sufre una adicción y que ha recaído cinco veces, conseguir que se libere de la esclavitud, porque es una esclavitud, de la adicción, no será fácil, pero creemos que es posible. Conseguir que esta persona que lleva años malviviendo en la calle, durmiendo en la calle, pueda reconstruir su biografía, no será fácil, pero creemos que es posible. Y eso lo podemos aplicar a múltiples situaciones.

Por lo tanto, no es la ingenuidad, lo digo frente a quienes plantean esa objeción, yo la he experimentado muchas veces a raíz de este libro, Anatomía de la esperanza, ¿no? Usted es un ingenuo, no está informado de los dramas que hay en el mundo, no conoce la maldad, la crueldad, la sinrazón, la corrupción, la noche, claro que la conocemos, pero creemos que es posible con la ayuda de los demás generar horizontes libres y horizontes nobles, construirlos, edificarlos.

La esperanza tampoco es la evidencia. No es evidente que podremos conseguir ese horizonte. Quien lo plantea como una evidencia da gato por liebre, seguro que se saldrá bien, no lo sabemos. Seguro que no va a recaer, no lo sabemos. Seguro que conseguirá trabajo, no lo sabemos. Seguro que encontraremos la fórmula para curar este tipo de enfermedades extrañas que nadie ha alcanzado hasta el día de hoy, no lo sabemos tampoco. La esperanza va muy unida a la humildad.

Cuando uno lo plantea como una evidencia, sucumbe a un error, que es la arrogancia, la prepotencia, la soberbia, que nunca ha sido descrita como una virtud. Seguro que irá bien, seguro que lo conseguiremos. No, confiamos que es posible hacerlo realidad con mucho esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas. No es una evidencia. Yo creo que quien lo plantea como una evidencia muchas veces se olvida de las contrariedades y lo plantea con una certidumbre que no tenemos.

Defina evidencia, introduzco la definición de Des [no confirmado] racional. Yo he llegado hasta aquí, me he dejado la piel, estoy agotado, pero ahora te paso la antorcha. Y tú que tienes 18 años, y tienes audacia y fuerza y energía vital, sigue. Yo he hecho hasta donde he podido. Ahora te corresponde a ti seguir a tu manera esa misma lucha por conseguir ese determinado horizonte o fin noble.

Por lo tanto, la esperanza no es la espera pasiva, quieta. Esta es la actitud que diríamos de contemplación. Hoy lo observamos mucho. Observamos un mundo en ruinas, lo contemplamos y decimos: esto no hay nada que hacer. Y eso sí que conduce a la parálisis.

Miren, Kierkegaard compara mucho la esperanza con la desesperación. La esperanza consiste en entrever alguna posibilidad. Ya digo una definición positiva, ¿no? El esperanzado es el que entreve alguna posibilidad. El desesperado es el que dice aquí, no hay nada que hacer. No hay ninguna posibilidad. Este joven no puede salir de la adicción. Este indigente no saldrá de la calle. Esta mujer, tristemente, no podrá liberarse de esta mafia de trata de mujeres. No hay nada que hacer. Esto conduce a la parálisis. Y a la parálisis de la historia.

El que tiene esperanza sale a la calle, se implica, se deja la piel y tampoco tiene la garantía. Pero cuanto menos se pone en movimiento para tratar de cambiar esa situación.

Y digo finalmente otra idea que no es la esperanza. Esta es más sutil. La esperanza no es la expectativa. Es una distinción que me sorprendió mucho y que hace un filósofo de origen alemán, judío, que era Paul Ludwig Landsberg. Dice, la expectativa no es la esperanza. La expectativa es un cálculo racional que se funda en probabilidades. Por tanto, tiene que ver con un cálculo de probabilidades.

Pongo un ejemplo. Es muy probable que en el mes de julio en Madrid haga mucho calor. Como en Barcelona, que es más húmedo. Y alguien dirá: ¿cómo lo sabe usted? Bueno, pues que tenemos registrados la temperatura y la humedad en Barcelona desde hace más de 100 años, desconozco en Madrid, y en el mes de julio hace mucho calor y mucha humedad. Por tanto, esto es una expectativa racional. Podría hacer frío, sí podría ser, pero sería muy extraño. Podría incluso nevar. Sí, de poder podría ser, pero sería muy extraño.

Entonces, la esperanza no es un cálculo de probabilidades. Es querer que es posible a pesar de que sea poco probable. Y eso es lo más difícil. Pongo un ejemplo. Este niño, lo decía también el señor Simón, este niño forma parte de una familia muy vulnerable y muy desestructurada, cuyo padre está en la cárcel, su abuelo también lo estuvo, y su bisabuelo. Sus hermanos mayores se dedican a delinquir, y él está en ese contexto, donde lo habitual es traficar, delinquir y robar. Lo más probable es que acabe en la cárcel. Ahora, ¿es posible que no acabe en la cárcel? Sí, claro que es posible. Pero habrá que intervenir. Habrá que generar un clima, un ecosistema, un entorno donde sea posible que aprenda otras formas de vivir y no reproduzca la vida de su abuelo, de su bisabuelo, de su hermano mayor y de todos los amigos del barrio. Aun así es posible, pero es poco probable.

Las expectativas son pocas, pero quien tiene esperanza dice: aun así es posible. Y pongo un ejemplo histórico. Albert Camus. Se formó en una escuela infantil en Argelia, familia pobre, madre mallorquina, en una escuela donde no había nada, nada. Y allí es donde aprendió las primeras letras en lengua francesa. Bien, antes de los 47 años, cuando tuvo un accidente mortal en 1960, había nacido en 1913, accidente de coche y muere, ya era premio Nobel de Literatura. Ya era premio Nobel de Literatura. ¿Y qué hizo cuando lo recibió? Escribir una carta a su profesor de la escuela infantil de Argelia. Dice: mire, usted confió en que tenía posibilidades. Porque nadie daba un duro por ese conjunto de niños. Pero ese profesor salió cada día y enseñó a escribir y a leer en francés. Lo que no sabía es que entre ellos estaba un futuro premio Nobel de Literatura. Y luego la carta de gratitud de Albert Camus, que le honra. Le agradezco sus primeras letras, porque usted me enseñó a escribir en lengua francesa, que es la lengua que utilizó Camus en toda su obra. El hombre rebelde, El mito de Sísifo, etc. Las expectativas eran muy pocas y, sin embargo, ese maestro cree que había la posibilidad de que aprendieran a escribir, incluso de que aprendieran a escribir tan bien que uno de ellos llegara a ser premio Nobel de Literatura.

Y finalmente quiero decir todavía otro elemento de qué no es la esperanza. Y entraré a la definición más lógica y que yo encuentro en un autor como Ernst Bloch. La esperanza, quiero decir también algo, ¿no? ¿Qué no es? ¿En qué debemos diferenciarla? Tenemos que diferenciar la esperanza de una tentación que está muy presente, que es justamente confiar que todos nuestros sueños se harán realidad. No somos omnipotentes. La experiencia de la impotencia es una experiencia que algunos hemos tenido en primera piel. No hemos podido salvar a alguien que amábamos o no hemos podido liberar a alguien que queríamos. Por lo tanto, estar esperanzado no significa esto que decía, ¿no? Querer que para nosotros todo es posible. No lo sabemos. Hay una incertidumbre. Vamos a probarlo. Vamos a intentarlo. Vamos a ensayarlo. Vamos a aprender de los errores. Y luego al final nos daremos cuenta que hay que moverse.

Pongo un ejemplo, ¿no? Imaginen que yo estoy delante de un muro, un muro muy alto y muy grueso, y empiezo a apretar el muro y tengo una esperanza que si sigo apretando el muro al final se va a derrumbar. Bueno, pues esta esperanza va claramente en oposición a la inteligencia, al sentido común, a la racionalidad. Porque usted va a malgastar su vida tirando de ese muro y ese muro no se va a mover. Porque usted no tiene fuerza para derribar ese muro. Sin embargo, si se mueve a la derecha verá que hay un intersticio, que hay una grieta, el concepto de grieta es muy valioso, y que por esa grieta puede pasar. ¿Lo ven? La esperanza no es la obstinación, título de una obra de Hermann Hesse, muy conocida. No es la tozudez. Hay que pasar por aquí. No. Tiene que haber también con la creatividad, la flexibilidad, la imaginación. Hay que probar de pasar por otro lado. Porque aquí estamos dejándonos la piel y no recogemos nada.

Y a veces la obstinación es esta repetición mecánica que no tiene la suficiente creatividad e imaginación para moverse y ver que por aquí sí que podríamos pasar. Esto nos pasa con algunos alumnos. Este alumno ha fracasado en un instituto. Le expulsan. En otro instituto le expulsan. En otro instituto le expulsan. Conclusión, no hay nada que hacer. Depende. Si usted sigue haciendo lo mismo, tendrá los mismos resultados. Eso ya lo dice Einstein. Pero si usted es capaz de plantear proposiciones, mecanismos, metodologías nuevas, igual hay una solución. Por lo tanto, la esperanza no es la repetición mecánica de lo mismo. Requiere de inteligencia. Requiere de creatividad, de imaginación.

¿A quién se le ocurrió que la equinoterapia sería beneficiosa y balsámica para niños que sufren autismo? A alguien se le ocurrió mezclar esos dos mundos, el mundo de los caballos y el mundo del autismo. Y ese fue creativo. Y fue capaz de verificar que eso realmente tiene efectos positivos en su bienestar emocional y mental. Luego vienen los demás y copian y recortan ya. Pero el grande ha sido el primero, el que ha generado un modo distinto de cruzar ese muro, que es por la grieta. Ser capaz de ver dónde está la grieta para cruzar.

Bien, y la definición positiva. ¿Qué es esperanza? Aquí a mí me ilustra sobre todo un autor que es Ernst Bloch. Yo creo que hay que ser honesto con las fuentes. Yo creo que no se puede superar el libro de Bloch. Yo mismo he escrito un libro sobre la esperanza, pero es difícil decir algo mejor y más profundo que lo que dijo él. El libro tiene como título El principio esperanza. Das Prinzip Hoffnung. Es un libro ya muy conocido, muy grueso y difícil, como acostumbra pasar con los filósofos alemanes y además, en este caso, de origen judío.

Bloch tiene una frase que para mí es muy inspiradora. Toda realidad viene precedida por un sueño. Toda realidad, todo lo que tenemos, es fruto de un sueño que otros tuvieron. Lo explico a fondo porque aquí está la clave. Los derechos, las conquistas sociales, el bienestar, el sistema universal de educación, el sistema universal de atención social, de atención sanitaria, con todas las fragilidades que tiene, que tiene muchas, pero esto fue un sueño y ahora es una realidad. La pregunta es qué soñamos nosotros, qué otros podrán recoger.

Hay una frase en el Nuevo Testamento muy interesante. Unos siembran, otros recogen. En efecto, nosotros recogemos lo que otros sembraron. Yo le digo a mis alumnas, usted puede votar y puede votar porque hubo unas señoras que creyeron que era posible que...

Y eso se aprende por ensayo y error. Pero, en efecto, el aprendizaje que representa la frustración te permite luego precisar más. Hay que plantearlo así, hay que evitar eso. Uno es menos temerario, mucho más prudente, se asesora y trata finalmente de probarlo de nuevo. Eso pasa en el mundo del deporte, en el mundo de la ciencia. Uno va planteando hipótesis. También en la ciencia es fundamental la esperanza. Y por lo tanto uno plantea una hipótesis y trata de verificarla en una muestra suficientemente representativa, con la esperanza de que ese fármaco, esa terapia, dé resultado. Y si es así, la patenta y naturalmente la da a conocer al mundo para que sea aplicada a todos y a todas. Pero cuántas hipótesis no se verifican, cuántos intentos no alcanzan esa terapia. Por eso es clave la tolerancia a la espera, la paciencia del tiempo y sobre todo la tolerancia a la frustración. Por eso es clave en contextos de incertidumbre, como digo, sostener esa esperanza.

¿Cómo la sostenemos en comunidad? ¿Cómo la sostenemos a través de la confianza en los logros conseguidos? A veces solo observamos lo que falta, pero no lo conseguido. Bloch lo dice muy bien. Hay personas que tienen esa mirada. Solo observan las carencias, lo que falta, lo que no hay, en definitiva las lagunas. Y hay personas, por otro lado, que son capaces de ver lo conseguido. Es importantísimo que ambas trabajen juntas, porque el que ve lo conseguido podría caer en una especie de autosatisfacción y se podría paralizar. Ya lo hemos conseguido, ya no hay que hacer nada más. Pero el otro podría caer en la desesperación si solo es capaz de ver huecos, carencias, dificultades, resistencias. Se nutren dialécticamente una mirada y la otra.

Yo lo vivo en la universidad. Estás en el claustro de profesores y unos llegan allí y dicen no hay nada que hacer. Esta generación son tecnoadictos, son una generación de pasotas, no leen nada, no escriben nada, no se expresan bien. Un desastre. No hay nada que hacer. Y todas esas carencias son verdades. Y sin embargo otro dice no, no, te equivocas. ¿Te has fijado qué capacidad tienen de moverse digitalmente? ¿Te has fijado cómo tienen capacidad de comprometerse en causas que les interesa? ¿Te has fijado sus habilidades lingüísticas y cómo son mucho más cosmopolitas que nosotros? Eso es clave para construir esperanza y sostenerla. Certificar, generar confianza con los logros conseguidos en los programas sociales, en las iniciativas, pero también contemplar lo que queda por hacer. Bloch dice entre el ya y el todavía. Ya hemos conseguido, pero todavía queda. Esa es la clave para sostener la esperanza.

Muchas gracias por la atención.

Muy bien. Una hermosa conferencia. Tenemos bastante tiempo hoy. Nuestro compromiso con ustedes es pasarnos de 8 y media, 9 menos 20. Por lo tanto, ahora tenemos un buen margen para que algunos de ustedes quieran plantearle algún tema a nuestro conferenciante.

Por cierto, si me permiten ustedes, él se ha referido, muy oportunamente, a aquel sueño que tuvieron algunos pequeños, empezó siendo muy pequeño, grupo de mujeres sufragistas en la Inglaterra de finales del XIX. Y cómo se oponían algunos caracterizados grupos de izquierda porque pensaban que si se les concedía, si se conseguía, si las mujeres también podían votar, votarían a formaciones de derecha. Exactamente eso ocurrió, como saben ustedes, en la Segunda República. Y cómo tuvo que batallar esa admirable mujer que fue Clara Campoamor contra sus propios correligionarios porque pensaban que era un error reconocer el derecho de la mujer también al sufragio universal. Y España no fue el último país en reconocer, no fue de los últimos países en reconocer el sufragio universal. El sufragio universal masculino es de finales del XIX en casi todos los países europeos y después de la Primera Guerra Mundial en algunos países europeos ya se le concede a la mujer, se le reconoce a la mujer su derecho al voto y España a comienzos de los años 30 y no es el último país, algún país como Francia pues tiene que esperar al final de la Segunda Guerra Mundial.

Me ha llamado la atención porque el ejemplo también traído de las sufragistas exactamente un poco ocurre en España en los años 30. No quiero yo quitarles tiempo a ustedes. Seguro que alguno de ustedes quiere empezar.

Buenas tardes. ¿Se me oye? Sí. Bueno, primero muchísimas gracias a quienes han organizado esta ponencia de hoy interesantísima y muchísimas gracias especialmente al doctor Torralba, al doctor Francesc Torralba que ha venido hasta Madrid a darnos luz porque para mí usted es una persona que hoy es un faro de luz en nuestro mundo. Le sigo desde hace dos años viendo conferencias suyas en Youtube y le vi en la última presentando su libro Anatomía de la esperanza en el programa de Carlos Roca y bueno, decirle que me ha encantado su conferencia muchísimas gracias, repito, y pues ha sido muy completa. Ha habido una cosa solo que me ha parecido que no ha mencionado, me ha sorprendido y es la fe que alimenta la esperanza porque yo soy consciente y lo vivo que eso es algo real y a usted mismo le oí en una conferencia decir un hombre que dice yo solo no puedo pero con Dios puedo y eso lo cambia todo y Dios para mí es la energía que une todo y nos conecta a todos y surge una voz, surge la suya que está aquí hablando de la esperanza, surge la voz del Papa en este tiempo que también habla de la esperanza. Bueno, decirle solo pues eso, que me ha sorprendido que no mencionase la fe como alimento de la esperanza.

Muy bien. ¿Alguna otra?

Sí, como son han pedido ustedes bastantes palabras solicitadas vamos a agrupar algunas intervenciones por favor.

Buenas tardes, bueno primero que nada muchísimas gracias por esta conversación y yo siento que yo soy radicalmente esperanzada como buena caribeña y aun así creo que en momentos de dificultad a veces como que quienes ejercen posiciones de liderazgo tienen la obligación de ser pesimistas para prepararse para los peores escenarios, entonces mi pregunta tiene que ver cómo conectar el pesimismo de la razón con esta esperanza que tú nos traes, sobre todo de las causas que requieren comunidad. Gracias.

Y una tercera intervención y ahora le dejamos de nuevo la palabra a Frances.

Hola, también agradecer toda la charla y la presentación también estuvo muy bien del señor Frances, la que hiciste es una super presentación bien bonita. Pero en torno a la primera intervención va el planteamiento mío, me impactó muchísimo que nos hablara de Dios porque al entrar a la sala lo primero que decía teólogo no sé qué y con entrar a la sala vi el nombre, había visto el título, vine por el título, pero al ver el nombre pues ya me puse a la tarea de revisar a quién voy a escuchar y cuando veo teólogo pues habrá alguna mención a la parte religiosa y no hay ninguna y es muy bonito, es muy bonito porque estamos muy ligados a tener esperanza y fe. Entonces, desde el punto de vista de personas que no tienen fe, cómo inculcar esperanza, porque sabemos ya lo que no es, pero cómo inculcarla pues es algo que me enriquecería muchísimo saber cuando no hay fe.

Muy bien, vamos primero después.

Sí, gracias. Gracias por las tres preguntas y observaciones. Agrupo la primera y la tercera porque tienen muchas afinidades. La esperanza es una palabra que puede abordarse desde dos ángulos. Un ángulo está claro que es exponerla como virtud teologal: fe, esperanza y caridad. También se puede presentar como un valor humano transversal que no pertenece en exclusiva a ninguna tradición. Esa ha sido la voluntad. Pero naturalmente si etiquetamos esa esperanza, esperanza laica o esperanza cristiana, hay notabilísimas diferencias. Por ejemplo, el perdón. El perdón es propiedad de... bueno, cuidado. O la esperanza es propiedad de... Yo conozco muchas personas creyentes que han perdido la esperanza y personas agnósticas, incluso ateas, que tienen esperanza de que al final no habrá hambre en el mundo, conseguiremos que haya más paz, justicia social, y además se vinculan y se dejan la piel para conseguir este horizonte. Por eso el objetivo sobre todo hoy era presentarlo como un valor que es transversal, sin etiquetas, por lo tanto sin calificativos.

Cuando uno entra ya en la naturaleza de la esperanza como virtud teologal, en efecto, la radical diferencia es Dios. Por eso me ha interesado mucho el diálogo entre Bloch, que es un marxista heterodoxo, y Marcel, que era un filósofo cristiano. Se encontraron ambos el 12 de mayo de 1967. Ambos habían escrito sobre la esperanza, uno desde la visión marxista y otro desde la visión cristiana, y encontraron que hay un terreno común y que hay propósitos compartidos: justicia, equidad, educación, paz, medio ambiente. Ahora, lo que nutre a uno y nutre a otro es distinto. En efecto, lo que nutre a ese cristiano a dejarse la piel es naturalmente su sostén en Dios y su sostén en su palabra. En el otro, quizás el arte, quizás la poesía, quizás la filosofía, pero en cualquier caso hay ámbito de encuentro.

Yo lo he subrayado y termino eso porque el contexto en el que vivimos es claramente dicotómico, binario y polarizado, es decir, sobre todo subraya los abismos: tú y yo no tenemos nada que hacer, tú y yo no tenemos nada en común. ¿Ah no? Y tanto que tenemos en común. Usted puede creer en Dios y yo quizá no, pero tenemos en común que esperamos que no haya guerra o esperamos que haya paz o esperamos que haya justicia o esperamos que los grupos vulnerables no duerman en la calle. Por lo tanto he intentado subrayar el campo de intersección.

Creo que en las figuras que he expresado como fuentes de esperanza, Martin Luther King o Mahatma Gandhi, podría poner muchas más, ¿no? Teresa de Calcuta, tantas figuras que son arquetípicas o modelos de figuras que con su compromiso han irradiado esa esperanza y han movilizado a otras personas y han conseguido horizontes difíciles. En todas esas figuras hay espiritualidad, adjetivada distinta, porque en Nelson Mandela hay espiritualidad, la hay en Mahatma Gandhi, lo que pasa que es espiritualidad de signos distintos, ¿no? Y sobre todo tiene que ver con esta capacidad de salir fuera de uno mismo para irradiar en el mundo sentido y valor, ¿no? La espiritualidad tal y como viven estos autores o estas figuras es todo lo contrario al solipsismo, al hermetismo o al narcisismo o a la autocura, ¿no? Es más bien un movimiento hacia afuera cuyo fin es conseguir con los demás un propósito o un horizonte difícil. Y en todas esas figuras hay un cultivo de esa espiritualidad en textos distintos, desde el hinduismo, el catolicismo o el protestantismo. Por lo tanto va muy relacionada la espiritualidad con la esperanza.

Y también con la ciencia, porque en todo científico hay naturalmente una esperanza, la esperanza de encontrar la fórmula, de encontrar la terapia, de encontrar el modo de resolver ese caos, esa disfunción. Y a veces eso significa 20 años, 40 años, altos equipos de preparación, mucha inversión, muchos fracasos, muchas noches sin dormir y al final igual no consigues salir de la mera conjetura o la mera hipótesis, ¿no? Por lo tanto, en efecto, la esperanza se relaciona con la ciencia, con la espiritualidad. La filosofía tiene como finalidad sobre todo conceptualizarla, describirla, distinguirla, precisarla. Pero ¿cuántos filósofos se han referido a ello? De signos muy distintos, he citado a Bloch y Marcel y Camus, naturalmente, pero habría muchos más, ¿no? Que convierten la esperanza en el objeto de reflexión filosófica. Pero también habría poetas y artistas, es decir, el magma de autores artistas que se han referido a este tema es enorme, es extraordinario. Lo que pasa es que en mi campo disciplinar lo he circunscrito a la aproximación filosófica, que es lo que sobre todo manejo más habitualmente.

Respecto a lo segundo, del innato y lo adquirido, es un enigma, y le diré por qué. En el gueto de Varsovia hubo muchos que se quitaron la vida, se desesperaron y se mataron. Y sin embargo también hubo muchos que mantuvieron la esperanza, en el mismo gueto de Varsovia. Y eso pasó en los campos de concentración, los denominados Lager, y eso también pasó en Auschwitz, Birkenau, Dachau, Treblinka, Mauthausen. Algunos tiraron la toalla, basta, basta, no merece la pena vivir un día más. Eso es un calvario, no hay ninguna posibilidad. Y muchos se quitaron la vida. Sin embargo otros mantuvieron la esperanza, en condiciones infrahumanas de crueldad, de ratas, de hambre, de asco, de humillaciones, de vejaciones, y mantuvieron la esperanza. Entre ellos Viktor Frankl, por ejemplo. O entre ellos, aunque finalmente fue exterminada, Edith Stein, el 9 de agosto de 1942, santa de la Iglesia Católica, santa benedicta de la cruz.

Por lo tanto, primero quiero indicar, el contexto no es determinante. Hay personas, por otro lado, que viven en países, en contextos muy vulnerables y mantienen la esperanza, y no saben qué comerán mañana ni dónde dormirán. Y nos encontramos con jóvenes extraordinariamente cómodos, en casas enormes y con todo el confort del mundo, que saltan por la ventana desesperados. O sea, el contexto no es determinante.

Innato. Lo que es evidente es que quien tiene esperanza la irradia, la contagia, la transmite, y quien está desesperado también. Porque no es solo una vivencia anímica, sino que se expresa, se manifiesta en la palabra, en la acción, en el gesto, en el modo de vivir. Ahora, otra cosa es si eso puede finalmente transformar a otro. Yo he experimentado mucha impotencia cuando he tratado de liberar a alguien de una oscuridad muy profunda. Y te das cuenta que muchas veces las palabras son insuficientes. Y aunque tú estés esperanzado o incluso entusiasmado, ves que no logras ni esperanzar al otro ni entusiasmarle. Sin embargo, hay personas a las que ocurre algo en su vida que cambian la mirada. Por lo tanto, la mirada no es determinada.

Hay experiencias que hacen que usted vea de otro modo lo que veía hasta ahora. Y eso es lo que puede producir el cambio. Sobre todo si esa persona ha pasado por una noche oscura. Le pongo un ejemplo muy claro. Esta es una asociación de personas que todos sufren la adicción al alcohol. Supongamos alcohólicos anónimos. Bien. Se reúnen. La primera condición para estar sentado allí es reconocer que sufres esa adicción. Me llamo Juan Manuel García. Soy alcohólico. Eso ya es un acto de humildad y de audacia. Bien. ¿Por qué te reúnes? Porque yo solo no puedo.

Si alguien ha logrado salir de esa adicción y estaba en ese pozo, ese es un argumento de esperanza. Es un testimonio. Por lo tanto, ese sí que es un faro de luz. Dice, oiga, usted abre una posibilidad. Porque si usted ha salido, cuénteme cómo lo ha hecho. De qué manera lo ha hecho. Porque yo no soy capaz de salir de aquí. Lo he intentado cinco, siete, ocho veces. Y hay recaída una tras otra. Por lo tanto, ¿qué indico? ¿Cómo se puede transmitir esa esperanza? Con las palabras, difícilmente. Con el testimonio es posible.

Cuando ves que alguien ha podido vencer, digerir, asumir y transformar su vida, eso se convierte en un ejemplo para los demás. No estoy condenado a vivir así. No estoy condenado a la tristeza crónica. Es posible cambiar de vida. Este ha cambiado. ¿Cómo lo ha hecho? Pero eso requiere de generosidad por una parte y de humildad por otra. Generosidad a la hora de explicar. Yo lo he hecho así. Esto me ha sostenido. Esto me ha ayudado. Y humildad por parte del otro: solicitar la ayuda. Yo no puedo. ¿Me ayudas? Y a veces falta humildad y a veces falta generosidad. Pero cuando convergen, se puede producir el cambio, la transformación y, por lo tanto, la apertura a la esperanza.

Y finalmente lo del tratado de la belleza. No me lo he propuesto nunca porque yo me dedico a la ética. Los que se dedican a describir la belleza y la fealdad y los cánones estéticos, sobre todo esa estética. Aunque, como decía Wittgenstein, la ética y la estética son lo mismo en el fondo. Ética y estética son uno, dice en el Tractatus, 1921. Pero no me lo he planteado como un horizonte inmediato. Aun así tomo nota. Gracias por la sugerencia.

Ah, yo he entendido la belleza. Ah, caramba. De la grieta sí. Ya estoy metido en eso. En eso ya estoy metido. He entendido la belleza, perdone. Vale, vale.

Vale, otra ronda. Algunos de ustedes había... Sí, había una palabra ahí pedida, por favor. Que yo haya visto, ¿alguna otra? Entonces terminamos con la de ustedes.

Muy bien. Bueno, muy agradecido por las palabras. De verdad que me pareció sumamente interesante. Sobre todo con sus autores como Albert Camus o como Ernest Bloch y lo mismo que Marcel, Gabriel [no confirmado]. Primero te felicito porque por primera vez veo la esperanza como poesía. Cuando hablas, creo que es Neruda el que está hablando, puedo escribir los versos más tristes esta tarde. O sea, empiezas a hablar y uno entra en el tema y no le tiene miedo a la oscuridad, como dijiste, o a la claridad del paisaje. Y creo que la esperanza es eso. La esperanza es abrir los ojos frente a lo que se presente y estar preparado para ello.

Mi pregunta va por la vía del pensamiento que para mí es el mejor concepto de utopía, que es el de Ernest Bloch. Lo ya pero todavía no. Y en este instante, y por la experiencia tuya que nos dijo antes el presentador de estar con las personas trabajando en el patio, hay un espacio hermenéutico entre el ya y el todavía. Y creo que ese espacio hermenéutico se llena o rellena con la famosa expresión de que los tiempos de Dios son perfectos. Entonces, si la utopía es el ya pero todavía no, mientras llega ese todavía está entrando esa palabra divina que va a resolver o nos va a decir algo. Con tus palabras de la concretez de la realización. Porque si no, nos quedamos expectantes todo el tiempo y no llega, y no llega, y no llega. Pero mientras se va dando Camino de Damasco, encontramos ese espacio de que sí se concretiza el tema de la realización a través de que los tiempos de Dios son perfectos. Muchas gracias.

Gracias a usted. No sé si hay otra pregunta todavía.

No, ya no hay. Yo estoy con el teléfono, uy, perdón, con el micrófono en mano. Y si no les importa, soy muy breve. Yo la esperanza veo sobre todo un mecanismo de supervivencia del grupo humano. Hemos pasado, pues, después de lo

Vamos a continuar ahora coloquialmente un poquito ahí fuera.