## Retos sociales, acción colectiva y horizonte de bienestar

La intervención se articula en torno a una idea de fondo clara: los grandes desafíos sociales de hoy no son aislados, sino acumulativos, y exigen una respuesta sostenida desde el compromiso público y el tercer sector. A partir de una lectura de la situación en España, Marc repasa fenómenos como la pobreza, el envejecimiento, la inmigración, la polarización, el impacto de la inteligencia artificial y la presión del cambio climático, para situar en ese contexto el papel de Fundación La Caixa y de las entidades que acompañan a las personas más vulnerables.

**La exclusión sigue siendo la gran herida social.** La pobreza continúa afectando a una parte muy significativa de la población, y las cifras dibujan una realidad persistente: una de cada cuatro personas en España está en situación de pobreza, con una incidencia especialmente dura en la infancia, donde el dato alcanza a uno de cada tres niños. En algunos entornos urbanos, la precariedad de las familias con menores supera incluso el 40%. A ese panorama se suman desigualdades que se reproducen en el acceso a la educación, en las oportunidades ligadas al género y en las diferencias asociadas al origen.

**El envejecimiento coloca el cuidado en el centro.** Entre los cambios demográficos, el aumento de la esperanza de vida aparece como uno de los más determinantes. No solo porque obliga a repensar la atención a las personas mayores, sino porque abre interrogantes de futuro sobre la sostenibilidad del sistema de cuidados y la capacidad de respuesta de la sociedad. La intervención subraya que no existe todavía un movimiento suficientemente decidido para encarar ese reto con una visión de largo recorrido.

**La diversidad necesita cohesión, no polarización.** La inmigración se presenta como una realidad necesaria para un país que requiere talento y población activa, pero también como un proceso que está transformando la sociedad hacia una mayor diversidad. El problema, advierte, surge cuando esa diversidad convive con dinámicas de polarización que empujan en dirección contraria y alcanzan cada vez más a personas jóvenes, con discursos que hace unos años habrían parecido impensables.

**La tecnología plantea oportunidades y riesgos.** La inteligencia artificial y la evolución tecnológica aparecen como uno de los grandes aceleradores de cambio. Su impacto aún está por definirse: pueden servir para reducir desigualdades, mejorar la atención y hacer más eficaces ciertas respuestas sociales, pero también pueden ampliar brechas si se concentran en pocas manos o se aplican sin criterio ético. Frente a la fascinación técnica, la intervención insiste en la necesidad de orientar su uso hacia una mejora real de la vida de las personas.

**El cambio climático ya es también una cuestión social.** Lejos de ser un debate abstracto, el impacto climático se relaciona con nuevas situaciones de vulnerabilidad, incluidos desplazamientos forzados y episodios extremos como la riada de Valencia, citada como ejemplo de una realidad que antes no se contemplaba con esta intensidad. El argumento de fondo es que la crisis climática no solo altera el entorno, sino que también agrava la desigualdad social.

**Las vulnerabilidades se acumulan.** Uno de los puntos más relevantes de la intervención es la idea de que los problemas no llegan solos, sino superpuestos. En las convocatorias de proyectos y en el trabajo de campo aparecen cada vez más casos en los que pobreza, soledad, dependencia, fragilidad familiar y exclusión territorial coinciden en una misma persona o en un mismo hogar. Esa acumulación convierte la intervención en un desafío mucho más complejo.

**El tercer sector no es complementario, es imprescindible.** Frente a esa realidad, la ponencia defiende con claridad el papel del tercer sector como pieza esencial del acompañamiento social. La crítica es explícita: las políticas públicas pueden articular medidas y ayudas, pero rara vez ofrecen el acompañamiento cercano que requieren quienes están en mayor exclusión. Desde esa perspectiva, las entidades sociales no solo cubren un vacío, sino que hacen posible una intervención que ninguna política general puede sustituir por sí sola.

**La aspiración es una sociedad del bienestar.** Más que hablar de un estado del bienestar como logro cerrado, se propone pensar en una sociedad del bienestar como horizonte compartido. La idea es sencilla y potente: cada actor debe aportar desde su lugar para que nadie quede atrás. Esa formulación, además, introduce una dimensión ética en un contexto donde la competitividad económica suele desplazar el valor del cuidado y de la cohesión social.

**Fundación La Caixa como proyecto con continuidad histórica.** La segunda parte de la intervención recorre la evolución de la entidad desde su origen como caja de ahorros y pensiones hasta su configuración actual como fundación bancaria. Se recuerda que el proyecto nace en 1904 como una iniciativa de la sociedad civil para atender necesidades básicas de la clase trabajadora y que, con el tiempo, fue vinculando su actividad financiera a la generación de beneficios para la obra social. La transformación regulatoria tras la crisis de 2008 obligó a crear CaixaBank y más tarde a dar el paso a Fundación Bancaria, en un proceso de separación de activos y redefinición institucional.

**La vocación social ha acompañado cada etapa.** Pese a los cambios de estructura, la intervención insiste en que la lógica de fondo se ha mantenido: una actividad económica cercana al cliente y al territorio, con voluntad de reinvertir parte de los resultados en programas sociales. Desde esa continuidad se explica también la amplitud del trabajo desarrollado en distintas áreas y la presencia de proyectos en todo el país.

**Un recorrido amplio en salud, atención y cuidados.** Sin entrar en una enumeración exhaustiva, se señalan algunas magnitudes que dan cuenta de esa escala: casi 180 hospitales, unas 180 residencias y numerosos recursos asociados al ámbito de la atención y la intervención social. También se menciona el desarrollo de programas vinculados a escuela, cuidadores, final de vida y soledad, junto con experiencias incipientes de teleatención que apuntan a un cambio de modelo en la atención futura.

**La teleatención y la tecnología pueden abrir una nueva etapa.** La intervención reconoce que todo este campo está todavía en una fase inicial y exige cautelas, pero lo considera una herramienta con potencial para mejorar la respuesta social en un contexto de mayor volumen poblacional y mayor complejidad de necesidades. La clave, insiste, no está en la tecnología por sí sola, sino en el uso que se haga de ella.

**Hacer posible lo que parecía improbable.** El cierre recupera una dimensión más simbólica y emocional del proyecto. La idea de la utopía aparece no como una quimera, sino como el horizonte que permite seguir caminando juntos. Se evoca también un spot homenaje a las entidades y profesionales implicados, con una frase atribuida a las notas de Francesc de Moragas, fundador de la caja: “lo imposible es solo un poco más difícil que hacer las cosas difíciles”. Esa convicción resume el espíritu de un proceso que, al inicio, quizá no parecía destinado a alcanzar la escala que hoy tiene.

**Atreverse fue la condición para llegar hasta aquí.** La intervención concluye con un agradecimiento a quienes han hecho posible ese recorrido, tanto a las personas presentes como a las conectadas en streaming. El mensaje final es claro: sin la voluntad de intentarlo, sin la decisión de avanzar aun cuando el objetivo pareciera lejano, el proyecto no habría llegado a desplegarse con la amplitud y legitimidad que hoy presenta.